De las laderas de Mendoza a la Costa del Sol: la historia de dos enólogos que convierten el vino en experiencia
Hace tres años, Antonella Lourdes Arnone y Diego Alejandro Cantó dejaron atrás su Mendoza natal, una de las cunas vitivinícolas más reconocidas del planeta. Ambos con formación en enología y una trayectoria que ya los había llevado a trabajar en viñedos de Argentina, Estados Unidos y la isla de Mallorca, sentían que aún les quedaba mundo por recorrer. El empujón definitivo llegó tras la pandemia: Diego conservaba raíces familiares en España y un grupo de amigos ya afincados en Fuengirola les abrió las puertas de la Costa del Sol.
Nada más aterrizar, Antonella comenzó a trabajar como sumiller en un restaurante local, mientras Diego se incorporaba a una empresa de logística. Sin embargo, el sueño que ambos compartían desde su etapa argentina —montar un negocio propio en torno al vino— nunca se apagó. El destino les tendió una oportunidad inesperada: la franquicia Vinalium quedó vacante en la zona y ellos decidieron apostar por ella con todas sus fuerzas.
La búsqueda del espacio perfecto
Encontrar el local idóneo no fue casualidad. La agencia inmobiliaria Geolocales les mostró un antiguo establecimiento de pizzas en la avenida de Los Boliches, una vía con buen flujo peatonal y ambiente comercial. El espacio estaba completamente obsoleto para su proyecto, así que invirtieron casi dos meses en una reforma integral que lo transformó por completo. Hoy, ese local de 100 metros cuadrados alberga una sala interior acogedora —con paredes de ladrillo visto, estanterías de madera que exhiben centenares de botellas y una barra de mármol— y una terraza que invita a disfrutar del clima mediterráneo.
«Todos los días cambiamos los vinos, así que puedes venir varias veces a la semana y seguir descubriendo en cada visita», explica Antonella con entusiasmo, mientras señala las estanterías repletas de etiquetas de todo el mundo.
Ochocientas referencias y precios para todos los bolsillos
Lo que hace único a este wine bar no es solo la cantidad, sino la rotación constante. La carta incluye más de 800 referencias que se renuevan a diario, lo que garantiza que cada visita sea una experiencia diferente. Los clientes pueden elegir entre:
- Vinos por copas, ideales para quienes quieren probar sin comprometerse con una botella entera.
- Denominaciones de origen de España, Australia, Sudáfrica, Francia, Italia y muchos otros países.
- Pedidos para llevar, con posibilidad de encargar cajas completas.
La horquilla de precios oscila entre los 4,95 y los 110 euros, un rango que los emprendedores defienden con convicción: «Creemos que son precios bastante competitivos. Intentamos que sea asequible a todo el mundo, que cualquiera pueda venir a llevarse una botella o probar aquí mientras tapea», subraya la sumiller argentina. Para quienes deseen replicar la experiencia en casa, unas buenas copas de vino son el complemento perfecto para apreciar cada matiz.
Maridajes que enamoran: de los ibéricos al pulpo
La propuesta gastronómica está pensada para acompañar, no para eclipsar. En la barra se sirven ibéricos y quesos artesanales, croquetas caseras, tostas variadas, pinchitos de gambas y un pulpo con base de patata que ya se está convirtiendo en el plato estrella. Cada elaboración se puede combinar con el vino que el cliente elija, ya sea un tinto robusto de Ribera del Duero o un blanco afrutado de Rías Baixas. Una tabla de quesos bien surtida es, sin duda, la aliada ideal para una cata informal.
Más que un bar: una filosofía vitivinícola
Lo que diferencia a Antonella y Diego de otras propuestas similares en la provincia es su conocimiento de primera mano sobre la vendimia. Ambos han pisado uvas, han seguido fermentaciones y han embotellado cosechas. «Pensamos que el hecho de conocer la vendimia de cerca nos ha dado mucho conocimiento de todo el proceso, desde que la uva está en el viñedo hasta que está en la botella, y en toda esa cadena el vino va cambiando», explica Diego. Esa visión integral les permite recomendar con total autoridad y organizar catas temáticas que educan el paladar de los asistentes. Si quieres adentrarte aún más en este universo, un buen libro de enología puede ser el complemento ideal para seguir aprendiendo.
El local aspira a ser un espacio dinámico donde la carta evolucione al ritmo de las estaciones y de las sugerencias de los clientes. Además de las catas, prevén jornadas de maridaje con productos locales y encuentros con pequeños productores. «La verdad es que aquí nos sentimos como en casa y queremos apostar por ello», concluye Antonella.
Contenido original en https://www.diariosur.es/malagaenlamesa/nuevo-refugio-amantes-vino-fuengirola-20260629164500-nt.html
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