El despertar de un tesoro vinícola en la costa malagueña: Manilva seduce a Europa

📅 05/07/2026

Hay vinos que no se explican, se descubren. En el extremo occidental de Málaga, un pequeño puñado de viticultores está reescribiendo la historia de una tradición casi perdida. Cuando sumilleres y enólogos de primer nivel se llevan a los labios un blanco seco de Manilva, la reacción suele ser la misma: "¿Pero esto qué es?". Detrás de esa sorpresa hay una combinación de factores que pocas regiones del continente pueden ofrecer.

Argimiro Martínez, fundador de Nilva y alma del resurgir vinícola local, lo resume con claridad: El gran potencial de esta zona es que produce una uva totalmente diferente y exclusiva a otras zonas. La variedad dominante es la moscatel de Alejandría, la misma que triunfa en la Axarquía, pero el resultado en copa no se parece en nada. Aquí la uva crece sobre suelos de albariza, a pocos metros del Mediterráneo, bañada por brisas salinas y un clima que convierte cada racimo en una rareza.

Sin embargo, este reconocimiento internacional llega en un momento agridulce. Mientras las nuevas bodegas florecen, el viñedo histórico sigue encogiendo. En 2012 quedaban unas 180 hectáreas de viña; hoy apenas sobreviven entre 70 y 80. Cada botella que sale de Manilva es, en cierto modo, un acto de resistencia contra la desaparición de un paisaje centenario.

Un terroir irrepetible: albariza, brisa salina y un microclima único

La personalidad de estos vinos se forja bajo tierra. Los suelos de albariza, similares a los del Marco de Jerez, son auténticas esponjas de caliza. Almacenan el agua de las lluvias invernales durante meses, permitiendo que las cepas soporten el verano sin una gota de riego. Pero el verdadero secreto está en el aire. La proximidad al mar hace que cada amanecer las hojas aparezcan cubiertas de rocío salino. Esa humedad acaba impregnando la uva y se traslada al vino, regalando una mineralidad vibrante y un toque yodado que desarma a cualquier catador.

Por la mañana vengo a la viña y las hojas amanecen mojadas con el rocío del mar. Esa sal acaba llegando a la bodega y forma parte del vino, explica Martínez. Cuando los grandes profesionales prueban estos vinos siempre preguntan: «¿Esto qué es?». Son vinos absolutamente diferentes.

Además, Manilva ostenta un récord geográfico: sus viñedos son los más meridionales de la Europa continental. Una de las pocas zonas donde la vid crece literalmente pegada al Mediterráneo, lo que convierte a estos blancos secos en una auténtica rareza dentro del panorama vitivinícola europeo.

La paradoja de Manilva: más bodegas, menos viñedo

Hace solo una década, la idea de que Manilva tuviera bodegas comerciales parecía una utopía. En 2014 se legalizó Nilva, la primera del municipio. Hoy ya hay cuatro proyectos consolidados y un quinto en proceso. Pero mientras las bodegas crecen, el viñedo tradicional sigue perdiendo terreno. Esta paradoja convierte en aún más heroico el esfuerzo de quienes apuestan por elaborar vinos de calidad ligados al territorio.

Durante generaciones, la moscatel de Manilva se destinaba casi en exclusiva a uva de mesa, y de forma secundaria a pasas y vinos dulces. El giro hacia los blancos secos ha sido la clave del renacimiento. Permite mostrar toda la personalidad de la variedad y competir en un mercado mucho más amplio, además de maridar a la perfección con la gastronomía mediterránea: pescados, mariscos y los famosos espetos de la Costa del Sol.

Los cinco proyectos que están reescribiendo la historia

Además, existe una iniciativa privada de un empresario italiano afincado en la Costa del Sol, propietario de una finca con viñedos en Manilva cuyos vinos se elaboran en Ronda, un modelo diferente al resto del tejido bodeguero local.

El factor humano: cooperación frente a competencia

Lo más llamativo de este resurgir es que no responde a una suma de proyectos aislados, sino a una red de colaboración tejida por Argimiro Martínez. Siempre he querido que me copien. Ojalá les vaya muy bien a todos, afirma. No es competencia; quiero que estén en el mercado y que les vaya bien. Esta filosofía ha convertido a Nilva en el semillero de una nueva generación de elaboradores.

Para quienes deseen explorar estos vinos desde casa, una buena copa de vino de calidad permite apreciar mejor los matices salinos y minerales. Si se quiere profundizar en la cultura vinícola, un manual de viticultura puede ayudar a entender las singularidades de terroirs como el de Manilva.

Enoturismo: el vino como experiencia

Aunque las producciones siguen siendo pequeñas, el panorama ha cambiado por completo respecto a hace una década. El enoturismo atrae cada año a miles de visitantes que recorren viñedos abiertos al Mediterráneo, conocen las bodegas y descubren unos vinos que difícilmente se encuentran en otro lugar. La exclusividad se ha convertido en el mejor argumento.

Paradójicamente, ese carácter único es reconocido antes por visitantes y profesionales foráneos que por el propio mercado local. Los mejores catadores se sorprenden por una personalidad que no hallan en otras zonas españolas. Y esa es precisamente la gran oportunidad: convertir aquello que hace diferente a Manilva en su mayor fortaleza.

Para quienes quieran replicar la experiencia en casa, un decantador de vino ayuda a oxigenar estos blancos y potenciar sus aromas. Y si se busca el maridaje perfecto, nada como un espeto de pescado para acompañar la mineralidad de la moscatel de Manilva.

El despertar de un tesoro vinícola en la costa malagueña: Manilva seduce a Europa

Contenido original en https://www.diariosur.es/malagaenlamesa/vinos/renacer-vino-manilva-uno-de-los-mas-exclusivos-de-europa-20260702165233-nt.html

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