La Batalla del Vino de Haro: cuando un pleito medieval dio paso a la fiesta más original de España con 30.000 litros de vino
Vestidos de blanco inmaculado y con un pañuelo rojo anudado al cuello, alrededor de 6.000 participantes convirtieron los Riscos de Bilibio en un mar granate durante la madrugada del 29 de junio. La munición no son balas, sino vino tinto de la última cosecha: unos 30.000 litros que tiñen cada rincón del paisaje rocoso. La Batalla del Vino de Haro ha vuelto a demostrar por qué es una de las manifestaciones culturales más singulares de España, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional desde 2011. En cuestión de minutos, no queda ni una prenda blanca ni un centímetro seco; la celebración pacífica transforma la comarca riojalteña en un espectáculo que trasciende fronteras.
Orígenes históricos: de disputas territoriales a romería popular
La raíz de esta explosión de color y alegría se encuentra en los conflictos medievales por los límites del término municipal de Haro con Miranda de Ebro. Durante siglos, ambas localidades pleitearon la posesión de los Riscos de Bilibio, un paraje estratégico y simbólico. Aquella tensión territorial, lejos de convertirse en una guerra, derivó en una romería pacífica que ya a finales del siglo XIX comenzó a salpicarse de vino. Las primeras “remojaduras” espontáneas fueron el germen de la fiesta actual, donde lo que antes era litigio se transformó en abrazo colectivo. Este origen único explica por qué la batalla no tiene vencedores ni vencidos: solo un baño multitudinario que borra las jerarquías sociales.
Así se vive la batalla: ritual, música y catarsis
Mucho antes del amanecer, las cuadrillas locales y los visitantes de toda España emprenden un peregrinaje de seis kilómetros desde el centro de Haro hasta la ermita de San Felices de Bilibio. La mayoría arrastra ya varias horas de fiesta. A las ocho de la mañana se celebra una misa, y el disparo de un cohete marca el inicio oficial de las hostilidades. Las armas son variadas y festivas:
- Pistolas de agua de gran capacidad, ideales para mojar a distancia.
- Sulfatadoras de mochila que permiten rociar a la multitud sin descanso.
- Botas de vino, cubos e incluso jeringas caseras, todo vale para empapar al prójimo.
El ambiente lo ponen las charangas, que animan una coreografía líquida donde el único objetivo es compartir la embriaguez colectiva. Como explica un participante veterano: No importa quién seas, aquí todos acabamos igual: empapados, felices y hermanados por el vino.
La música y el juego difuminan las barreras sociales en una catarsis que dura horas.
“La batalla es un ritual que convierte el conflicto histórico en celebración horizontal. Por eso atrae cada año a miles de personas de todos los rincones del mundo.”
El debate sobre la autenticidad y la masificación
La edición de este año no ha estado exenta de polémica. El ayuntamiento de Haro, preocupado por el creciente turismo de masas, implementó medidas para “acotar” el espacio de la batalla y adelantar la misa con el fin de evitar que la fiestra comenzara sin control durante la madrugada. El objetivo era garantizar la seguridad y preservar la esencia de un evento que algunos consideran amenazado por su propio éxito. A pesar de las restricciones, las ganas de celebración desbordaron cualquier normativa; no obstante, el debate sigue abierto: ¿cómo mantener la autenticidad cuando miles de visitantes acuden cada 29 de junio? La respuesta está en el equilibrio entre tradición y hospitalidad.
Impacto turístico y cobertura mediática internacional
La Batalla del Vino no solo es un imán para los viajeros nacionales. Periodistas de Asia, Europa y América se dan cita cada año para documentar este fenómeno. Lo que muchos consideran el “toque folclórico” no lo pone la tradición, sino la mirada curiosa de decenas de corresponsales que intentan capturar la esencia de una fiesta única. Los medios extranjeros destacan la capacidad de la localidad riojalteña para convertir un litigio medieval en un símbolo de paz y convivencia. Además, la industria vitivinícola de la zona se beneficia: los asistentes suelen llevarse a casa botellas de Rioja como recuerdo de la experiencia.
Una perspectiva única desde el cielo
En esta ocasión, la fiesta ha sido inmortalizada desde el aire gracias a las imágenes captadas por el dron de Nuño Barrio. El operador de la productora 101 latidos confiesa que no fue fácil: Documentar un evento con aglomeraciones requiere mucho cuidado, y este año el viento y la lluvia complicaron el vuelo. Tuve que diseñar un sistema propio para impermeabilizar el equipo. Pero las tomas resultaron espectaculares.
Ver la batalla desde arriba revela la magnitud del evento: miles de puntos blancos que, en minutos, se vuelven granates. Si quieres revivir esta perspectiva desde casa, un dron resistente al agua puede ser un buen aliado para tus propias aventuras.
Hacia el mediodía, el campo de batalla se traslada a la Plaza de la Paz, donde las típicas ‘Vueltas’ ponen el broche final. Las peñas tradicionales marcan el ritmo mientras los exhaustos participantes se secan al sol. La jornada termina como empezó: con ruido, color y una sensación de comunidad que solo el vino y la fiesta pueden crear. Cada año es lo mismo, pero siempre diferente; Haro demuestra que las tradiciones más potentes son aquellas que saben conciliar la identidad local con la alegría de recibir a quienes vienen de fuera.
Contenido original en https://www.eldiario.es/la-rioja/batalla-vino-haro-conflicto-territorial-convirtio-fiestas-particulares-espana_1_13342988.html
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