Norberto Guerra, viticultor grancanario: "La gente sabe beber vino pero no lo que cuesta producirlo"
Con más de 90 años a sus espaldas, Norberto Guerra sigue plantando parras en el histórico pago de Juan Gómez de Tejeda, en Gran Canaria. Su lucidez, sencillez y fino humor le han convertido en una figura muy respetada dentro del sector vitivinícola de la isla. En esta entrevista, repasa los momentos clave de su trayectoria, los profundos cambios que ha vivido el sector y las incertidumbres que rodean al vino canario. Sus palabras reflejan la pasión de toda una vida dedicada a la tierra y la uva.
Un amor por la viña que nació en la infancia
"En mi casa materna siempre se hizo vino, como en casi todas las casas de campo, pero era para consumo propio. Pero ya plantar parras en cantidad y tener bodega fue más tarde. Empecé cuando vino aquella ''fiebre'' de las parras, hará unos 25 años, cuando todo el mundo se animó. Ahí fue cuando yo también me lancé en serio. Ahora con mi edad, solo las preparo y las vendo porque ya no tengo cuerpo para dedicarme a la bodega como antes. Pero sigo activo, estoy hablando con usted y regando las parras."
La tradición vinícola de Norberto Guerra arranca en el entorno familiar, donde el vino formaba parte de la vida cotidiana. Sin embargo, no fue hasta la conocida "fiebre de las parras", hace aproximadamente un cuarto de siglo, cuando decidió dar el salto a una producción más seria. Hoy, pese a su avanzada edad, mantiene el contacto directo con el campo: prepara las plantas y las vende, aunque reconoce que el cuerpo ya no le da para gestionar una bodega completa. Aun así, mientras charla, sigue regando sus viñedos, demostrando que la vocación nunca se jubila.
Reconocimiento con humildad
"Pues no lo sé (ríe). Supongo que será por la edad. Gente con méritos hay mucha. Quizás me lo dan por ser constante y seguir adelante con esto a pesar de los años. Pero no creo tener ningún mérito especial. Hay mucha gente que ha hecho lo mismo o más que yo."
Cuando se le pregunta por qué ha recibido distinciones, Norberto responde con la modestia que le caracteriza. Atribuye cualquier reconocimiento a la longevidad de su trabajo y a la constancia, pero insiste en que no se considera un caso excepcional. Para él, muchos otros viticultores han dedicado su vida a la vid con la misma o mayor entrega. Esta actitud revela no solo su carácter sencillo y trabajador, sino también el profundo respeto que siente por sus colegas del sector.
Los duros desafíos de la viticultura en Gran Canaria
"No sabría decirle. Desde luego, esto no es un gran negocio. Hace falta mucha voluntad y haber nacido en esto, porque la gente joven no está muy por la labor. Parece que a la juventud no le interesa. Aquí trabajamos con minifundios y producir cuesta mucho. En mi caso, mis hijos tienen sus profesiones y yo tampoco viví de esto. Lo hice porque lo mamé desde chico, pero las nuevas generaciones van por otro camino. Pero no pasa solo con el vino, ocurre con todo; vas al supermercado y está lleno de productos de fuera. Competir así es complicado."
Norberto no esconde las dificultades que atraviesa la viticultura en la isla. La estructura de minifundios obliga a los productores a trabajar con parcelas pequeñas y a menudo dispersas, lo que encarece y complica cada fase del cultivo. Además, la falta de relevo generacional es una realidad palpable: los jóvenes buscan profesiones más estables y menos dependientes de un clima cambiante y de una economía tan volátil. A esto se suma la competencia con productos foráneos que inundan los lineales de los supermercados, haciendo casi imposible que el vino local pueda rivalizar en precio. Para quienes se dedican a esta labor, como Norberto, lo que mueve no es el dinero, sino una vocación heredada desde la niñez. Si deseas adentrarte en el mundo de la viticultura canaria, existen excelentes guías que explican las peculiaridades del cultivo en las islas.
De la producción artesanal a los controles modernos
"Hasta 2015, ese fue el último año. La marca de la bodega era Andén del Fraile, en referencia al fraile que está en Tejeda y que se ve desde donde tengo las parras. Hacía solo vino tinto y era una producción pequeña, como sucede en muchas bodegas de la Cumbre."
Su última cosecha comercial data del año 2015, con la marca Andén del Fraile, nombre inspirado en la silueta del fraile que domina el paisaje de Tejeda. Como ocurre en la mayoría de las bodegas de la Cumbre grancanaria, su producción era modesta y se centraba exclusivamente en vino tinto. Pero lo que realmente ha cambiado con los años es la técnica y la calidad del producto final.
"Bastante. Antes no se hacían análisis y unas veces salía mejor y otras peor, aunque muchas veces era muy bueno. Ahora todo es más regular porque se controla más. Se analizan las uvas, se vendimia en el momento adecuado. El sector ha evolucionado mucho; antes era más sencillo, las barricas, azufre y poco más. Ahora hay correctores y más técnicas."
Norberto recuerda con claridad cómo se trabajaba antes, sin apenas análisis ni controles de maduración, confiando en la experiencia y el ojo del viticultor. En aquella época, la calidad podía variar mucho de un año a otro. Hoy en día, la tecnología permite medir con precisión el estado de la uva, determinar el momento óptimo de vendimia y aplicar correctores durante la fermentación para garantizar una mayor regularidad en el vino. El uso de barricas sigue siendo un pilar, pero ahora se combinan con aditivos y procesos enológicos mucho más sofisticados. Para los aficionados al vino que quieran profundizar en estas técnicas, resulta muy útil consultar libros especializados como los que se encuentran en la sección de enología práctica.
Contenido original en https://www.laprovincia.es/gran-canaria/2026/06/16/norberto-guerra-viticultor-grancanario-gente-131458068.html
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